TDAH es el mayor en la historia americana de la salud

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Normalmente no se suele decir que las pruebas sobre la evidencia biológica de la enfermedad no son ni mucho menos concluyentes. De ahí que tenga tanto peso la subjetividad en el diagnóstico.

El neurólogo norteamericano Fred Baughman -una de las voces científicas más críticas sobre el actual enfoque del TDAH- aporta al debate algunas de las contestaciones recibidas a su constante petición de pruebas concluyentes sobre el TDAH como enfermedad: James M. Swanson -médico investigador del TDAH y miembro de CHADD Children & Adults with Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder- le reconocería en 1998 durante una reunión de la American Society for Adolescent Psychiatry: “Me gustaría tener un diagnóstico objetivo para el desorden (TDAH). Ahora mismo el diagnóstico psiquiátrico es completamente subjetivo…

Nos gustaría tener pruebas biológicas, un sueño de la Psiquiatría durante muchos años”.

El doctor Xavier Castellanos -del Instituto Nacional de Salud Mental- le respondería: “He notado sus críticas sobre la validez de diagnóstico del TDAH. Yo estoy de acuerdo en que no hemos encontrado la prueba específica para demostrar la patofisiología específica (la anormalidad) que nosotros creemos fundamental en esta condición”.

Y el doctor Lawrence Diller -médico de la Universidad de California- diría por su parte: “La razón por la que usted ha sido incapaz de obtener cualquier artículo o estudios en los que se presenten claras evidencias de una anormalidad física o química asociada con el TDAH es que no los hay.

La búsqueda de un marcador biológico está condenada de salida debido a las contradicciones y ambigüedades del diagnóstico de TDAH. Yo asemejo los esfuerzos por descubrir un marcador (anormalidad) a la búsqueda del Santo Grial”

El Panel de Expertos de la Consensus Conference sobre el TDHA concluyó en 1998: “No tenemos una prueba independiente válida para el TDAH y no hay ningún dato que indique que el TDAH está motivado por un funcionamiento cerebral defectuoso”.

En un artículo titulado ¨COMETIENDO UN ASESINATO¨, Fred Baughman recuerda: “La Universidad del William B. Carey de Pennsylvania testificó después:

‘Lo que se describe ahora más a menudo como TDAH en Estados Unidos parece ser un juego de variaciones conductuales normales… Esta diferencia pone la validez de la estructura del TDAH en duda’.

Se han publicado cuatro estudios de Resonancia Magnética posteriormente. Aunque todos ellos utilizaron sujetos tratados con estimulantes los investigadores concluyeron que el ‘tratamiento’ con Ritalin y otras anfetaminas estaba causando atrofia en el cerebro, no que el TDAH es una enfermedad”.

Ante todo esto Baughman envió una carta -el 15 de abril de 1998- a la entonces Fiscal General de Estados Unidos, Janet Reno, denunciando la situación:

“El mayor fraude por lo que respecta al cuidado de salud en la historia americana es la falsedad de la existencia del Déficit de Atención y Desorden de Hiperactividad (ADHD) como una enfermedad real y la drogadicción de millones de niños americanos completamente normales”.

Y es que es indudable que el TDAH está resultando todo un negocio para las farmacéuticas. Se estima que el valor bruto de la producción anual de metilfenidato en 2005 habrá multiplicado al menos por diecisiete el correspondiente a 1990 -según las cifras previstas para ese año en Estados Unidos – pasando en ese período de menos de 2 toneladas a más de 30.

El metilfenidato es en la actualidad el psicotrópico bajo fiscalización internacional con mayor distribución en el circuito legal. Los ingresos derivados del mercado de drogas para el TDAH -incluyendo al metilfenidato y sus competidoras- alcanzan sólo en Estados Unidos valores superiores a los 3.100 millones de dólares según datos de la consultora IMS Health.